Hegel y la Fenomenología del espíritu, pt. 2

¿Alguna vez tuviste una vivencia que intentaste expresar en un poema? Si es así, entonces tuviste la vivencia de llevar a cabo en miniatura lo que Hegel logró a lo grande en la Fenomenología del espíritu, con la enorme distingue de que la vivencia que expresa fue la de toda una época, y que la expresa no con metáforas poéticas, sino con conceptos filosóficos Esto es lo que mencionamos en el final del último vídeo, que la filosofía para Hegel es su época comprendida en pensamientos.

Al comprender los enormes contornos políticos, culturales y filosóficos de su época, tendremos la posibilidad de leer la Fenomenología con bastante más beneficio Hegel nació en un mundo muy distinto al nuestro De hecho, aunque lo conocemos como un filósofo alemán, no nació en Alemania Alemania ni existía en 1770 Hegel nació en el Ducado de Wurtemberg, que era parte del Sacro Imperio De roma, lo cual se inició en el año 800 con Carlomagno y terminó mil años después en el año 1806, justo cuando Hegel se encontraba finalizando de escribir su enorme libro.

El Sacro Imperio De roma suena increíble, pero como decía Voltaire, no era ni sacro, ni un imperio, ni de roma A las alturas del siglo XVIII, era una colección fragmentada de más de 200 pequeños principados, cada uno regido por algún duque o conde tiránico con forma de pensar mezquina y con una cultura y visión por lo general medieval o feudal La devastación de la Guerra de los Treinta Años, librado el siglo previo, seguía impactando la economía de la región, y generalmente había un aire de pesimismo y estancamiento Este funesto ámbito sólo se acentuaba al notar al otro lado de la frontera a Francia El siglo XVIII, el Siglo de las Luces, pertenecía en parte importante a los franceses.

Sus célebres filósofos Voltaire, Diderot, Rousseau y otros exponían los especiales que hoy en día tomamos de sentado: la independencia, la tolerancia, el avance, el gobierno constitucional y la separación Iglesia-Estado, etc En contraste con muchas ideas, éstas no se han quedado como castillos en el aire, sino que se brindaron, o más bien nacieron, en la Revolución Francesa de 1789 Hegel, de solamente 19 años, se encontraba ahora mismo en la Facultad de Tübingen Él y sus amigos Hölderlin y Schelling veían los hechos de la revolución con enorme entusiasmo, como el amanecer de un nuevo mundo que esperaban fervientemente va a llegar a sus tierras Hasta entonces, siguió el Sacro Imperio, pero sólo unos 17 años más.

Con sus propios ojos, Hegel vio el instrumento de su disolución: Napoleón Bonaparte Ahora mismo, 1806, Hegel vivía en la localidad de Jena donde daba clases en la facultad Napoleón, en este momento emperador, en su campaña para controlar a Europa, entabló combate con tropas prusianos en las afueras de Jena Un día antes de la guerra, el 13 de octubre, entró a la localidad En una carta que escribió a un amigo, Hegel dijo: “He visto al emperador – este alma de todo el mundo – cabalgar por la localidad en su visita de reconocimiento.

Suscita en verdad un sentimiento espectacular la visión de tal sujeto, quien, concentrado aquí en este punto, montado de caballo, comprende al planeta y lo domina” Es de película el ámbito – Hegel finalizando su libro sobre el espíritu de su época, y la aparición de este alma de todo el mundo, como si fuera una expresión visual del drama que Hegel cuenta En el planeta en el que Hegel crecía, el hombre siempre había sido preciso por su clase popular, por la religión y por antiguas prácticas y tradiciones Y súbitamente llega Napoleón el libertador para echar todo eso por abajo y llevar a cabo efectivo las promesas de la revolución de independencia, igualdad y fraternidad Por fin la modernidad y la promesa de un mundo pacífico y próspero había llegado al planeta germánico.

Por supuesto, Napoleón no fue un benefactor desinteresado de la raza humana, sino que tenía una profunda sed de poder Era el emperador de Francia y quería serlo de toda Europa, por lo cual su consolidación de los principados germánicos bajo su mando no era más que un plan para llevar a cabo frente con los poderes de Prusia y Austria Sin embargo, su victoria en Jena constituyó un parte aguas histórico que transformaría intensamente a la civilización alemana ¿Alguna vez has popular a un alemán que tuviera una complejo de inferioridad? ¡Yo tampoco! La economía alemana, su cultura académica, el estado de derecho del que gozan, es la envidia de todo el mundo No obstante, en el siglo XVIII los alemanes pasaban por una fuerte crisis de identidad.

Su lugar en el planeta, su misión cultural, no se encontraba ni remotamente tan claro como el de los franceses y los ingleses Robert Solomon dijo que los franceses no tenían necesidad de un libro como la Fenomenología del espíritu, ¡porque ellos tenían Napoleón! Esta afirmación ilustra bien las diferencias entre los dos países La identidad francesa se basaba en la política y en la acción; la consigna era el cambio y la revolución, con la mirada apuntada hacia el futuro La forma de pensar alemana, en cambio, se encontraba impregnada del pasado y de su legado cultural El pasado teutónico, el ethos del guerrero, la sombra del bosque, lo gótico y lo enigmático es lo que figuraba en su visión, en contraste con la imagen ilustrada, liberal y urbana de los franceses.

No es que los alemanes no tuviera una identidad, sino que era insular; se arropaban en su pasado con el afán no de cambiar su presente sino de redimirlo El punto es que esto no servía de modelo para nadie menos para los alemanes El planeta respetaba a los franceses y a los ingleses porque su alegato ilustrado se extendía más allá de las fronteras nacionales y culturales Hablaba del hombre en tanto hombre La civilización alemana, no.

A pesar de que los alemanes no tenían a un Napoleón, contaban con el filósofo más popular del siglo XVIII, uno de sus compatriotas, Immanuel Kant El aspecto es que él no compartía para nada esta forma de pensar alemana que he descrito, sino todo el opuesto Bastante más que Voltaire o Diderot, Kant era la voz filosófica de más grande peso en el planteo de la Ilustración En sus célebres críticas, defendió la utilización individual de la razón frente a la autoridad religiosa y política y concibió la acción humana como radicalmente libre de toda determinación externa Por revolucionarias y llamativas que fueran las ideas de Kant, el sujeto que describía era bastante abstracto, un agente que, por libre y racional que fuera, se encontraba aislado de otros y de su propia sociedad y cultura, como un autómata.

Su planteo prescindía de la vivencia emocional y popular del ser humano, lo cual chocaba bastante con la sensibilidad alemana que hemos descrito En lugar de una consolidación tras la bandera de Kant y unión con los franceses y su programa político, surgió a finales del siglo XVIII un movimiento que se oponía a estas ideas y que dio expresión a las intranquilidades de los alemanes: el romanticismo Décadas después, Karl Marx diría que todo lo sólido se desvanece en el aire, pero en este momento en el siglo XVIII, con el avance de la revolución científica y los especiales de la Ilustración, le gente comenzaba a sentirse enajenada de su ámbito socio-cultural y físico La religión, que bastante antes comunicaba y dirigía todo aspecto de la vida de uno, competía en este momento con estas novedosas fuerzas, lo cual tenía el efecto de dividir la vivencia humana El romanticismo respondía al negar estas fuerzas, primordialmente la de la razón.

En lugar de la razón, enfatizaban la pasión Sustituían el entendimiento y los conceptos por la imaginación y las emociones, las cuales se expresaban en un lenguaje no filosófico o científico, sino poético La lema de Kant era “Sapere aude” – “atrévete a saber”, o sea, llamaba a que cada quien usara su razón para lograr ideas y verdades cosmopolitas, ajustables a la raza humana como tal En lugar de esta democratización del suponer y la abstracción de la raza humana que implicaba, los Románticos elevaba el papel del genio que a través de la intuición artística expresaba la interioridad mística del Volk, oséa, del pueblo Así, los Románticos hacía énfasis en lo estético en lugar de lo político y, apoyándose irónicamente en la tercera Crítica de Kant, entendía su misión última como la de lograr el infinito en vivencias de los sublime.

En todo lo mencionado, los Románticos tenían un antecedente histórico muy sustancial que en decisión correcta les servía de modelo: Grecia Vieja Siendo nosotros filósofos, tendemos a conocer a los antiguos griegos en términos de Platón y Sócrates y su uso de la razón y el universalismo que implicaba, lo cual podría ser útil de base para compararlos con la razón ilustrada que los franceses promulgaban No obstante, su cultura era bastante más que eso Lograban forjar una unidad cultural donde figuraba el arte, la religión, la política y la filosofía en un todo no tanto racional y universal, sino bello y espiritual Lo que lograban era una expresión de la integridad de la vivencia humana, no sólo la parte racional, y eso es lo que era tan impresionante para los alemanes generalmente, y para Hegel en particular.

Lo que el ejemplo de Grecia Vieja posibilitaba era la iniciativa de una red social unida no por la coerción política ni por el interés económico, sino por un espíritu cultural, una cultura de arte y poesía que celebraba la independencia del sujeto y su unión con el planeta que le rodeaba Estas ideas del romanticismo hacen eco con la iniciativa de Bildung que hemos visto en el primer vídeo, del avance de un sujeto a través de una sucesión de vivencias para lograr una integridad armoniosa y unificada El pensamiento de Kant y la Ilustración generalmente buscaba dejar en libertad al hombre al volverlo autónomo, al desencadenarlo de supersticiones, tradiciones y autoridades ajenas Por esa razón la visión de Napoleón conmovió tanto a Hegel Simultáneamente, reconocía algo de profundo valor en el espíritu poético expresado en el arte y la religión, la iniciativa de una fuerza espiritual que se manifestaba en todas las cosas y que las movía.

Hegel se encontraba según el impulso básico de la Ilustración, pero quería tener precaución que al echar el agua sucia de la tina que no se tiraba nuestro bebé Bueno, con todo lo mencionado, poseemos un concepto general del contexto político y cultural de la Fenomenología del espíritu Acabamos con una revisión del contexto propiamente filosófico Veremos a tres filósofos: Kant (obviamente), Fichte, y Schelling En el primer vídeo de mi serie sobre la Crítica de la razón pura, hablo del emprendimiento general de Kant.

Aquí sólo resumo lo que dije ahí Uno de los inconvenientes básicos que Kant trata de solucionar es la universalidad y necesidad del conocimiento científico que Hume puso en tela de juicio con su análisis de la causalidad Para asegurar la validez de este conocimiento, Kant efectuó su famosa revolución copernicana que dice que el saber va en función no de nosotros conformándonos a la naturaleza del objeto, sino del objeto conformándose a nuestra forma de entender Las facultades del comprender, a entender, la sensibilidad (que produce intuiciones) y el entendimiento (cuyos conceptos se aplican al contenido de esas intuiciones) de hecho “formatean” los elementos del conocimiento realizando que sean universales y necesarios ya que todo sujeto tiene el mismo electrónico cognoscitivo Para que esto sea la situacion, nuestro conocimiento puede ser sólo de fenómenos, o sea, de aquello que puede manifestarse en una intuición.

La sensibilidad que produce la intuición es una facultad pasiva, oséa, no crea la intuición, sino que la recibe como algo dado por la acción de algo en el planeta más allá del sujeto En términos kantianos, este algo es la cosa-en-sí-misma, el noúmeno De eso no tenemos la posibilidad de tener conocimiento Con esta distinción básica entre fenómeno y noúmeno, Kant logró asegurar no sólo el saber científico, sino también la independencia humana El empleo teórico de la razón se transporta a cabo en el planeta fenoménico de la naturaleza, lo cual es un mundo de necesidad.

El empleo práctico de la misma se transporta a cabo en el planeta nouménico, libre exactamente de toda determinación externa como las leyes de la naturaleza Bien, Fichte admiraba bastante la enorme innovación de Kant y en lo general se encontraba según su planteo idealista De hecho, antes de continuar, hablemos un poco del idealismo, ya que todos estos filósofos son idealistas Puede entenderse de dos formas: ontológica y epistemológica El idealismo ontológico sostiene que toda la verdad en su fondo es mental en su naturaleza, llámase cabeza, espíritu, razón, intención.

La versión epistemológica tiende a ser dualista y, como en la situacion de Kant, admite que parte de la verdad es material Lo que sostiene es que todo nuestro conocimiento de esa situación es condicionado por nuestra forma de entender, por las ocupaciones formativas o creativas de la cabeza Por esa razón dice que no tenemos la posibilidad de entender la cosa-en-sí divorciada de toda relación con la cabeza y sus operaciones Este último es muy problemático para Fichte Si de lo que se habla en la filosofía es comprender la verdad de manera sistemática y completa, la cosa-en-si kantiana constituye un enorme obstáculo.

Para remediarlo, Fichte se ha propuesto derivar de nuevo el sistema kantiano pero sin el noúmeno En otras expresiones, decidió fijarse no en el objeto, sino únicamente en el sujeto y la prueba de su vivencia, como implícitamente la revolución copernicana nos dirige a llevar a cabo De hecho, su inconveniente con el noúmeno no es que constituya un inconveniente para el saber, sino más bien para la moral Si nuestra vivencia se enseña por la acción de algo fuera de la misma en la naturaleza, entonces la causalidad universal que el planeta de la naturaleza encierra establece siempre al ser humano y niega su independencia Para Fichte, esta consecuencia del materialismo es moralmente repugnante; no puede posibilitarse.

Bueno, observemos su argumentación Su punto de partida es lo que llama el yo Para argumentar la verdad de una manera inmanente, oséa, que no salga de ese yo, dice Fichte que hay que sospechar tres principios El primero es que el yo se candidatea a sí mismo como algo que existe Esto es un acto espontáneo, oséa, no está condicionado por ninguna otra cosa.

Lo que nos distingue de los animales es la auto-consciencia, y este acto de postulación, cómo lo llama Fichte, es la forma en que se cobra no sencillamente consciencia, sino consciencia de la consciencia – la auto-consciencia El segundo inicio es la postulación de un no-yo, de aquello que sea otro o distinto del yo Esta postulación otorga un choque o ímpetu al yo, incitándolo a una actividad que radica en un recurrente e infinito interacción con el no-yo Antes de pasar al tercer inicio, se debe tener claro que Fichte no habla aquí de tú o yo creando físicamente los elementos de nuestra vivencia Comparemos este yo de Fichte que se auto-postula con el res cogitans de Descartes y “la unidad trascendental de apercepción” de Kant.

Ninguno de estos dos autores opínan en el yo como algo empírico, sino como algo puro o inteligible Para Descartes, es una cosa pensante, una cosa que es una sustancia Kant sigue a Descartes pero descarta la noción de sustancia El yo para él es pura actividad espontánea, la de utilizar conceptos a intuiciones Pero no es un yo personal, el ego individual, sino más bien “la consciencia en general” dice.

No obstante, diferentes egos distribuyen esta consciencia espontánea En expresiones más recurrentes, se podría decir que cada ser humano tiene su propia cabeza, la cual es formalmente idéntica con las demás Fichte transporta a su conclusión lógica el razonamiento de sus dos predecesores El enorme salto que hace radica en ver ese yo trascendental como un solo yo, un Yo absoluto que es inmanente en todos nosotros Sin yoes particulares, este yo absoluto no puede manifestarse, no obstante no es reducible a o ligado de ningún grupo especial de yoes.

El yo absoluto es como los conceptos según Charles Sanders Peirce los sabe El criterio de “gato” entre otras cosas es lo que llamaba un “tipo” que actúa por varios “tokens”, o sea, cada impresión o enunciación de la palabra “gato” en un escrito o en una conversación No obstante, el criterio o tipo “gato” no puede reducirse a algún cúmulo finito de sus tokens Varios son nominalistas en relación a los conceptos, oséa, los ven como meras conveniencias mentales, pero sin situación ontológica Peirce cree en la verdad de los conceptos del mismo modo que Fichte cree en la verdad de esta consciencia o espíritu o yo general que, quizá parecido a la pulsión freudiana, actúa o habla por o a través de nosotros.

De hecho, se puede observar en este salto fichteano el precursor no sólo del espíritu en Hegel, sino la Intención en Schopenhauer y lo dionisiaco en Nietzsche Pero bueno, regresando al argumento, cuando Fichte habla de la postulación de un no-yo, el yo que lo postula es puro acto Fichte procede como Kant en el sentido de llevar a cabo cuestiones trascendentales, o sea, pregunta por la condición de oportunidad de X fenómeno En esta situación, ese fenómeno es la actividad del yo, y lo que es necesario es un no-yo con el que puede jugar Hay que ver que no pregunta por el raciocinio del yo, sino por su actividad como tal, un criterio del que el raciocinio es sólo un caso de muestra.

En lugar de un mundo de cosas-en-si, como expone Kant, lo que poseemos aquí es el no-yo como inmanente a la vivencia del yo La preocupación de Fichte aquí no es epistemológica, sino moral De hecho, podemos consultar su argumento como una subordinación de la primera Crítica a la segunda, oséa, disminuye la naturaleza (conocimiento de la cual era el tema de la primera Crítica) a ser un postulado de la razón práctica La pregunta trascendental viene siendo, entonces, ¿Qué necesita este yo absoluto para ejercerse moralmente, o sea, para accionar? Ya que el no-yo, oséa, todos los aspectos de nuestra vivencia, los elementos, sus relaciones, etc El postulado del no-yo es lo que hace viable la pelea moral, el avance del yo cuya finalidad es la recurrente auto-superación.

Acercamiento bastante paralelismo entre Fichte y Leibniz En Leibniz, hay una inmensidad de sustancias o mónadas que “interactúan” con su ámbito no de manera empírica, sino según el despliegue lógico de su criterio El chiste es que Dios ha pre-establecido la armonía entre los conceptos particulares de todas las mónadas de forma que se ve que la causa de su vivencia es empírica cuando verdaderamente es lógica Algo parecido se ve pasar en la situacion de Fichte, aunque no estoy muy seguro, tendría que pensarlo más Lo que sí puede decirse es que donde Leibniz decía que habitamos el más destacable de los mundos probables, para Fichte debe ser exactamente la inversa.

Es exacto que nuestro mundo sea el peor de los probables, exactamente para que haya el más grande ámbito viable para la pelea moral, para la auto-realización Como final, el tercer inicio de Fichte habla de la interacción o mediación entre el yo y el no-yo ¿Cómo se otorga esta interacción? ¿Obedece alguna lógica? Kant había deducido la necesidad de que sus categorías, y sólo esas categorías, se aplicaran a las intuiciones para producir conocimiento De hecho, son condiciones primordiales para que haya algún vivencia en absoluto Lo que Fichte hizo hasta la actualidad es utilizar principios a la vivencia en función no del agente como conocedor, sino como actor moral.

Donde los conceptos de Kant surgen del entendimiento en tanto una facultad teórica, Fichte expone la aplicación de principios o reglas que surgen de la razón práctica Ya que hay diferentes formas en que la composición de la verdad puede abordarse, entre otras cosas el idealismo o el materialismo, la deducción que efectúa Kant queda provisional o contingente en el más destacable de las situaciones Entonces, en lugar de una deducción de las reglas, conceptos o principios de la vivencia, Fichte expone una dialéctica, oséa, un desarrollo de contrastar y contrastar diferentes conjuntos conceptuales o, como dirá Hegel, diferentes maneras de consciencia Este último es, en el fondo, el tema de la Fenomenología del espíritu Bueno, todavía falta Schelling pero ¡ya me extendí demasiado! Será para la próxima.